sábado, 30 de junio de 2007

Lo Turbio no esta en las profundidades....

Mi llegada al extremo continental más austral, no deja en mi interior los recuerdos que uno debería tener, por lo que este tipo de viaje implica. el misticismo y la espiritualidad se hicieron pedazos al producirse en mi interior un vacío que ahondaba en lo profundo de mi estómago, incapaz ya, de lograr digerir lo que había incorporado a mi porción de humanidad por la mañana.
De más esta decir que uno presiente el fin de los tiempos cuando llega a esos lugares tan oscuros y desconocidos para quienes transitamos por las calles de adoquines y asfalto, en las iluminadas ciudades, con las que se coronan las glorias de algún capital. Tan oscuros son, como el interior de las minas de carbón, que tras de sí, deja entrever un largo camino, como un cortejo fúnebre que no encuentra cementerio donde depositar su mercancía.
Ese camino a lo desconocido, tiene para quienes lo transitan a diario, un destino casi siempre trágico. Sumergirse en las profundidades de la nada, donde el oxígeno escacea, y la única estrella a quien contarle sus deseos es, en el mejor de los casos, otro minero.
Sus Dioses no se encuentran en el cielo, ya que los que allí habitan tardarían mucho en llegar en su auxilio. Los sacrificios serían en vano, ya que no hay señal que se eleve desde abajo de una montaña. Sus muertos solo son hornrados por ellos mismos, ya que sus gritos no llegan a la superficie, y aún no han encontrado a su mesías en las profundidades de la tierra. Cada tanto se cruzan con un manantial que fluye hacia ellos con una inusitada presión que les indica que estan en el camino. Es como el oasis en medio del desierto, solo que este desierto los mata por dentro.
Cavan día a día, centímetro a centímetro en las profundidades del yacimiento, con el afán de encontrar algun día a su Dios, para el cual ya tienen preparado las maderas y los clavos con los que elevarán su altar.
A menudo, a lo lejos, se escuchan palabras de aliento, promesas que se sumergen en el fondo de la mina, llamándolos a la nueva civilización. A veces confundidos, otras veces por falta de oxígeno, salen de ella para plegarse a la gran caravana que les promete el acceso directo a su salvación, y a gozar de los beneficios que les otorga creer en los Dioses del Olimpo, mientras los invita a elevarse en la nueva Sion.
Pero como siempre, su decepción no tarda en llegar, y vuelven con sus picos y palas a continuar su eterna búsqueda, ya descreídos de las luces que solo encandilan.
Yo vuelvo, sin conocer siquiera su camino. sin adentrarme en sus profundidades, y lo que me hace menos feliz, sin las palabras de quienes en su lucha cotidiana, siguen lanzándose a los confines de un mundo subterráneo y desconocido por todos. Ellos, ya sin dios, adentrándose en sus montañas, como quienes anhelan aquella fe perdida, pero cada vez mas abajo, donde ni el brillo ni el reflejo del sol llega.
Carlos Vila

viernes, 22 de junio de 2007

Apariencias fantasmales


El carácter intemporal de algunos sitios, nos deja a veces sensaciones extraordinarias, y a veces incomprensibles. Fue un viaje del cual no recuerdo su fecha, y tal vez tampoco los motivos por los que debería estar en ese lugar. Era un pueblo casi olvidado hasta por sus propios moradores, como era de prever desde su acceso, y al cual se siente a lo lejos, que quienes lo visitaban cotidianamente, lo han dejado de hacer hace mucho tiempo. El sonido de un teléfono en una esquina lejana, el cual era casi el único sonido que se podía percibir, hacia pedazos el momento de calma y siesta con que el lugar contaba, inquietando hasta la última partícula que flotaba en el aire. Se sentía en su campana el golpeteo del martillo, de tal forma que uno podía imaginar la furia y las palabras de descontento de quien estaba del otro lado de aquel inusual sonido, ante la falta de una respuesta.Uno duda al pensar quien estaría llamando a un teléfono abandonado, en una esquina abandonada, de un pueblo casi abandonado. Pero las llamadas tienen una causa que las hace útiles, y son siempre intencionadas.
Una y otra vez sonaba el mismo timbre, y acercándome hacia él, ya a unos pasos, podía sentir que el teléfono comenzaba en voz baja una cuenta regresiva. Imperceptible en un principio, creciendo paulatinamente, hasta que su ritmo y mis latidos fueron uno. Cada momento que me acercaba hacia él, su sonido iba perdiendo la fuerza con la que había llamado mi atención hace unos instantes.
Una rafaga de viento me helo los pies, y por mi cuerpo inició su ascenso, una extraña sensación de abandono. Sentía que ya nadie estraría al otro lado del mismo, para darme el esperado y cálido saludo, y que probablemente había caído en una de las trampas que el tiempo le juega a los transeúntes en los lugares que poco a poco van vaciándose de sus pobladores.
Estaba casi a dos pasos cuando de pronto ya no se escucho sonido alguno. La desolación se apoderó de mi alma. Imaginé algunas hipótesis para tratar de no caer en la angustia que genera el estado de soledad absoluta, casi irreversible. Supuse que alguien o algo habría colocado un sensor de modo que el teléfono sonase cada un determinado período de tiempo, para que sus mecanismos y sus campanas no se deterioren ,cuando hace mucho no suena. Quizá el teléfono se estaba llamando a sí mismo como otro mecanismo de defensa. De golpe se me nubló la vista, y comencé a ver la realidad desde un ángulo mas amargo. Tal vez alguien que me estuviera viendo desde una posición lejana y de alguna manera quería burlarse de mí. Profundizando en la idea, me dí cuenta que nadie acudió al llamado del teléfono en ese momento, por lo que él solo no podría estar a cargo de tal obra, e inmediatamente caí en que esto no podía ser posible sin la complicidad de todos los pobladores. Probablemente esta persona estaría en combinación con el resto de la gente para que nadie mas que yo, me acerque a levantar el auricular, de manera que poco a poco harían disminuir la intensidad del sonido, para que una vez al lado del teléfono, mudo e inamovible, comenzarían a reírse todos a coro de mí buena voluntad.
Quien podría estar detrás de este macabro y terrible plan. Esta mente siniestra que tarde o temprano debería aparecer, darse a conocer como el autor de semejante obra de coordinación y pillaje.Podía haber dejado pasar por alto esta broma que sin lugar a dudas todo el pueblo me estaba jugando, burlándose de una persona que ni conocen y que, sin causa alguna, solo quieren espantar como una mosca que sobrevuela un trozo de dulce de membrillo.
Pero como el dulce de membrillo, las intenciones se terminan descomponiendo a la luz del sol, y la ira se comenzaba a hacer dueña de mi razón. Se fue perdiendo de mis oídos el dulce sonido de aquella campanilla que me llamaba constantemente a lo largo de la extensa calle que sin saberlo, era el telón de semejante puesta en escena y atropello hacia mi persona. Me volví la mirada hacia ella, esperando ver a la gente salir por la puerta de su casa con su sonrisa burlona, mirándome como al forastero a quien no puede aplicarle la pena que la inquisición debería aplicarle, solo por un tecnicismo.
Sin embargo, solo encontré desolación y abandono. - Es increíble el grado de cinismo de esta gente!!!! -pensaba. Solo por un momento que yo creí la broma ya finalizada, ellos parecían dispuesto a mantener esta broma de mal gusto hasta las últimas consecuencia.Ni un alma se me acercaba, ni siquiera un susurro en el viento, ni aroma alguno sobrevolaba el pueblo desolador. Era fría la tarde y el sol bañaba ahora la acera, pero desde el horizonte. El tiempo había transcurrido sin que yo pudiera sacar conclusiones firmes sobre estos sucesos que hicieron de mi soleado atardecer, un sombrío ocaso.
Decidí irme de este pueblo que me expulsa, que me burla y me maltrata sin siquiera conocerme, sin darme la oportunidad de ser escuchado, pero fundamentalmente, sin una respuesta a toda esta pantomima.
Ya había olvidado el motivo por el cual yo había llegado este lugar. Tan solo había en mi mente la infinidad de causas por las que quería en ese mismo momento estar lo mas lejos posible de este teléfono que no hizo nada mas que ensañarse conmigo, y dejarme en este día que se presentaba espléndido un sabor amargo, sin aliento ya, para poder despedirme.




Carlos Vila






jueves, 21 de junio de 2007

génesis final.... un viaje desconocido...

Siempre hay un comienzo. Quizás sin que nos demos cuenta el inicio de una causa sucede. Y ahi surgen las preguntas, los cuestionamientos, y las primeras visiones de una realidad, que nos alejan del idilio inicial.
Este es un inicio, simplemente. No se su duración, pero espero no condenarlo a la perpetuidad. Trataré de estar despierto en ese momento, o no... ya inmerso e intemporal.

El dedo que todo lo indica.

El error ajeno es palpable. Se encuentra en cada letra escrita del discurso, en cada movimiento del actor y en cada frase que recita el orador.
Es que el error, es la virtud que ha hecho hombre al simio.
En los errores se desmoronan las torres de quienes lo intentan, y sobre ellos se erigen las mismas que al final perduran en el tiempo.
Las críticas hacia ellos son de los técnicos y de los inseguros, que en su temor a equivocarse, cometen el error mas grosero de todos:
El de ni siquiera arriesgarse