miércoles, 16 de abril de 2008

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Algunos de ellos, a veces se paran sobre sus dos patas traseras, erguidos en toda su magnitud, demostrando el poder que tienen dentro de su especie. Son como si fueran simios que en algún momento se soltaran de sus lianas y saltaran sobre sus presas, las cuales por lo general son aquellos orangutanes a los que el censor no les ha tocado la puerta.

Sin embargo a pesar de toda esta grandeza con la que viven, son acechados una vez cada veinticinco días por un torbellino de Chispas que provienen del norte, el cual como todos sabemos, esta en llamas desde la última estación que el amor no supo como controlar. Chispas, traen agravios de todo tipo, lo cual hace huir despavorido a la raza de los documentados, que ni por asomo se atreverían a toparse con Chispa.

De Chispas, Chispa 554.335 es el líder espiritual; Chispas le deben el mayor de sus respetos.

Si Chispa se revela, es obligada a apagarse inmediatamente, y debe volver al norte, en señal de Castigo. Chispa castigada, no puede volver nunca una antes de arder tres veces en lo que ellas llaman Invierno.

Tras cinco años de apariciones y sequías por parte de Chispas, los documentados toman la decisión de para poner fin a sus ataques y así declararles la guerra hasta que algunas de las dos especies se extinga.

Chispas... y más Chispas.

El dedo que todo lo indica.

El error ajeno es palpable. Se encuentra en cada letra escrita del discurso, en cada movimiento del actor y en cada frase que recita el orador.
Es que el error, es la virtud que ha hecho hombre al simio.
En los errores se desmoronan las torres de quienes lo intentan, y sobre ellos se erigen las mismas que al final perduran en el tiempo.
Las críticas hacia ellos son de los técnicos y de los inseguros, que en su temor a equivocarse, cometen el error mas grosero de todos:
El de ni siquiera arriesgarse