Comencé a leer el libro desde el final, como me había recomendado un amigo, siempre de derecha a izquierda, como si fuera una especie de reloj invertido, el cual con el tiempo y el oficio de a poco le iban quedando menos horas que contar.
Día tras día la lectura se iba haciendo mas simple, y aquellas prosas por las cuales me deleitaba casi toda una tarde de a poco se iban transformando en pequeñas oraciones, pasando a ser palabras para terminar en una simple vocal.
Aquella tarde leyendo el cuento “e”, me di cuenta que el aburrimiento se había apoderado de mi. Poco ya recordaba de la lectura del capítulo “a”. Lo creí tan lejano como extenso.
Sin ir mas lejos – creo que irónicamente utilizo esta palabra – podía viajar a lugares muy remotos en un vuelo de pescado.
Los años me fueron enseñando que debía aprender, algo mas que lo que estaba leyendo últimamente, pero “e” se me hacía muy pesado. No podía concluir un solo párrafo más. Creo que poco a poco se me fueron los pensamientos, solo recuerdo que en un momento el mundo empezó a sentirse frío. El frío se comió mi orejas.
Cada día que envejecía empezaba a utilizar solo las palabras que me habían sido aprendidas en los últimos cinco años, por una de esas cosas raras de la mente humana.
Habrá hace tiempo que hay mas palabras que rancheras.
La aparcadera hace rata que estén camella. Asas serán las que de algas me he de cenar.
He de preparar la cama para amasar. Que rara seré en el fin.
jueves, 22 de mayo de 2008
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El dedo que todo lo indica.
El error ajeno es palpable. Se encuentra en cada letra escrita del discurso, en cada movimiento del actor y en cada frase que recita el orador.
Es que el error, es la virtud que ha hecho hombre al simio.
En los errores se desmoronan las torres de quienes lo intentan, y sobre ellos se erigen las mismas que al final perduran en el tiempo.
Las críticas hacia ellos son de los técnicos y de los inseguros, que en su temor a equivocarse, cometen el error mas grosero de todos:
El de ni siquiera arriesgarse
Es que el error, es la virtud que ha hecho hombre al simio.
En los errores se desmoronan las torres de quienes lo intentan, y sobre ellos se erigen las mismas que al final perduran en el tiempo.
Las críticas hacia ellos son de los técnicos y de los inseguros, que en su temor a equivocarse, cometen el error mas grosero de todos:
El de ni siquiera arriesgarse
